Sentados sobre un barril de uranio

Ese domingo era el día libre de Stanislav Petrov. Como uno de sus colegas de la Fuerza de Defensa Aeroespacial estaba enfermo, tuvo que ir a reemplazarlo, tal vez a regañadientes, o tal vez con una lealtad rusa que no admitía cuestionamientos. Volvió a su casa prácticamente al otro día, y pasaron diez años hasta que su mujer se enterara que esa noche, Stanislav salvó al mundo. “¿Qué hiciste?”, le preguntó cuando se enteró. “Nada.”

Serpukhov-15 es el nombre de una base militar desde donde se controlan los satélites OKO, literalmente, ojo. Su función es detectar el lanzamiento de misiles balísticos lo antes posible, lo suficientemente antes como para poder disparar los misiles rusos en respuesta. El programa empezó en 1982, y en 1983 detectó el lanzamiento de un misil nuclear norteamericano, que en veinte minutos llegaría a Rusia con la potencia de 250 Hiroshimas. 

Como para poder imaginarnos el nivel de paranoia que dominaba el ambiente, tres semanas antes un avión de línea surcoreano atravesó el espacio aéreo ruso por error, y lo bajaron a tiros matando a todos los pasajeros. Todos tenían la bomba, nadie quería ser el primero en tirarla, pero ser el último era un premio consuelo tentador.

Stanislav Petrov no tenía acceso al botón rojo, su función no era devolver el ataque, pero sí avisar a los altos mandos de la situación. Pero no lo hizo. OKO detectó otros cuatro misiles. Stanislav tampoco dio aviso.

“Nadie empieza una guerra con cinco misiles”.

La teoría era que, de lanzar un ataque, serían miles. ¿Lanzar solo cinco podría ser entonces una estratagema para confundir y evitar un contraataque a tiempo?

Hace cuarenta años el mundo casi se prende fuego. La decisión de una persona lo evitó. Stanislav Petrov no necesitaba saber que el equinoccio de otoño provocó una conjunción astronómica rarísima que confundió a los satélites. Le alcanzó con el deseo de que la vida en el planeta no terminara con una tercera guerra mundial que mataría a millones en la primera hora.

Esta misma historia se repitió más veces de lo que nos vamos a enterar. Y acá estamos. No importa lo que pase, pareciera que el mundo no se va a terminar. Me gusta pensar que lo que nos une siempre va a ser más grande de lo que eventualmente nos pueda separar.

Al final todo va a estar bien, y si no está bien, entonces no es el final. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s