Buenos muchachos

Este artículo es la introducción de mi próximo libro, Buenos muchachos, algunos pensadores griegos que me caen bien.

La idea de este libro salió de una relectura de El Cisne Negro, una obra excelente. Uno de sus grandes temas son los extremos, y cómo no los entendemos. Otro de sus grandes temas es el azar, y cómo lo entendemos todavía menos que los extremos. Resulta que el mundo es mucho más aleatorio de lo que creemos, y junto con él, nuestras nociones, interpretaciones e incluso opiniones. Y encima tienden a acumularse de forma bastante despareja.

Además de azaroso, el mundo también es injusto. Los bienes, el conocimiento, la riqueza y todo lo demás se distribuye en forma despareja. No me tenés que creer, agarrátelas directamente con todas las especulaciones que lo describen. La de Pareto es la más conocida, el 20% de la población tiene el 80% de la riqueza. ¿No te gusta? El Efecto Mattew explica cómo el que más tiene, más va a tener a futuro, nada de repartir. Pasa lo mismo con las palabras: prácticamente todas las lenguas respetan la ley de Zipf, que dice que usamos mucho un conjunto de muy pocas palabras. Las demás… ¿quién las necesita? La ley de Price es brutal: la raíz cuadrada de la cantidad de bandas en Spotify es escuchada por la mitad del total de usuarios, y la mitad de esos sólo escuchan la raíz cuadrada del total de canciones de esa banda.

Los grandes se hacen cada vez más grandes, y los pequeños… bueno, nos quedamos pequeños. 

Más o menos eso le pasó a la autora de Harry Potter. Antes de que nadie la conociera, le rechazaron el manuscrito sin asco, recomendándole hacer un cursito de escritura. Si mañana saca un libro sobre cómo los magos van a baño, no me sorprendería en absoluto que sea un bestseller. A Stephen King le rechazaron su primera novela varias veces, igual que a James Joyce, Proust, Nabokov, García Márquez, Tolkien y andá a saber quién más.

El mundo es injusto, no hay garantía de igualdad de resultados. Pero sí hay mecanismos para emparejar las cosas. Alguien desconocido puede pegarla o permanecer desconocido toda su vida, pero alguien que la pegó, muy probablemente, tarde o temprano, la pierda. El azar funciona así. Si los grandes fueran infalibles, el Imperio Acadio sería hoy el Imperio Galáctico. Pero se fundieron hace milenios. Los gigantes están destinados a caer. ¿Existen hoy en día corporaciones gigantes que pueden poner en riesgo nuestros derechos? Sí. ¿Sobreviven en promedio más de veinte años antes de fundir? Definitivamente no. El  argumento tradicional de este reciclaje de empresas es que el sistema capitalista fomenta la competencia y favorece el surgimiento de jugadores nuevos. La verdad es que el azar también tiene bastante que ver. 

Con las artes pasa lo mismo. Hay muchos completamente desconocidos, y unos pocos muy famosos, con alta probabilidad de desaparecer. ¿O alguien me puede decir alguna banda clásica de los ochentas con excepción de las ocho que conocen todos, y que en veinte años nadie más los va a recordar? El podio es cruel. La inmensa cantidad de artistas anónimos forman la “cola larga”, los poquitos famosos la “cola corta”. 

Es fácil percibir la injusticia, pero no tanto ese mecanismo natural de corrección. Con el miedo de que los grandes sean grandes para siempre, son muchas las acciones humanas que buscan bajarlos. Los impuestos progresivos son el mejor ejemplo, sacarle más a los que más tienen. O, por el miedo de que lo “importante” desaparezca, se busca sostenerlo artificialmente, con subsidios o bailouts. Esas son soluciones económicas, relativamente fáciles de ver. Más complejo es el campo artístico o intelectual. ¿Existen filósofos además de los clásicos que escuchamos nombrar siempre, o de los que están de moda en este momento? Sí claro, pero la cultura funciona como una caja de resonancia que se repite a sí misma. Y hay muchos más afuera que adentro.

Toda esto fue una preparación para esta idea, agarrate porque resume toda la introducción.

Vamos a hacer un bailout de los filósofos que no conoce nadie. Las reglas son solo dos: tienen que tener más de mil años de antigüedad, y me tienen que caer bien. Las ideas, los valores y las creencias forman el mundo, impactan sobre cómo actuamos, influencuan hasta las reglas con las que nos ponemos de acuerdo. Y los filósofos que me caen bien promovieron, por sobre todo, la libertad. Son buena gente, seguro te caen bien a vos también.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s