Peor y mejor

Este artículo forma parte del libro Disciplina para humanos y otras ideas importantísimas.

“El nacimiento de peor es mejor” es un ensayo que escribió el programador Richard Gabriel en los noventa. El tipo es además poeta e historiador de software, y evaluando qué programas sobreviven más, llegó a una conclusión de esas con patas de payaso mal escondidas. Los programas que sobreviven en el tiempo, más que ser completos, son consistentes. ¿Qué me importa que pueda hacer un montón de cosas, si cada una de esas aplicaciones se encara de una forma tan dispar que pareciera que estoy usando programas diferentes? Un programa consistente es mejor que uno completo, pero más importante todavía es que ande correctamente, que funcione.

Hasta acá podríamos estar todos de acuerdo. Nunca falta el que abarca mucho y aprieta poco, o el que nunca termina un trabajo porque siempre le está agregando algo más. Eso le puede pasar a cualquiera, pero son trampas conocidas. Ahora saquemos al payaso: históricamente, los programas más usados, que más tiempo sobrevivieron, no fueron los más completos, ni los más consistentes ni los más correctos. Fueron los más simples, los más primitivos, los que se permitieron tener errores, siempre y cuando la cosa funcionara. Programas perfectos debe haber muchísimos, encerrados en la imaginación de muchísimos programadores. Mientras tanto, en el mundo real, los peores son mejores. ¿La cosa más o menos funciona? Entonces vendámosla antes de que aparezca la competencia, y después vemos cómo la patcheamos. Windows, te estoy mirando a vos.

El concepto tuvo sus detractores en el mundo de la programación y durante años hubo idas y vueltas de artículos atacando o defendiendo el peor es mejor. Muchas veces era el mismo Gabriel que escribía bajo diferentes seudónimos. Se ve que su idea le gustaba, pero no era un fanático.

“No es bueno buscar la perfección primero, mejor disponibilizar algo más o menos bien, para que se propague como un virus,” decía Gabriel. “Cuando la gente esté enganchada, ahí te tomás el tiempo de mejorarlo”. ¿Pero quién va a aceptar algo imperfecto, incompleto? Apple pensaba que todo el mundo, cuando casi veinte años después, en 2008, sacó a la venta la segunda generación del Ipod Touch. La internet lo compró y lo desguazó, y descubrió que adentro venía con un chip bluetooth, a pesar de que el aparato no tenía esa funcionalidad. Apple no confirmó ni negó nada, pero un año después sacó una actualización del sistema operativo, que habilitaba el chip que siempre estuvo ahí. Peor es mejor de manual.

El tema es tan omnipresente que hasta existe “el culto de lo imperfecto”, algo que no inventó ningún chanta, sino Sir Robert Watson-Watt, un físico escocés que salvó a Londres de los bombardeos alemanes en la Segunda Guerra Mundial. En parte me molesta un poco tener que chapear nombres, títulos e historias para no sonar como un improvisado, ¿no es evidente que el payaso está ahí atrás, con las patotas asomando por abajo?

Robert Watson-Watts lo tuvo que explicar así: “Siempre esforzate por dar la tercera mejor opción. La segunda mejor va a llegar tarde, y la mejor de todas no va a llegar nunca.” Con esa filosofía nació la Chain Home, una red de radares no muy precisos, pero sí de muy largo alcance, que rodearon la costa británica. El tipo pudo levantar diecinueve antenas antes de que la guerra empezara, porque apenas lograron que el aparato funcionara, el foco se puso en la implementación y no en el perfeccionamiento. Además de salvar a Londres de los bombardeos alemanes, la Chain Home fue fundamental para ganar la guerra. No por nada lo nombraron a Watson-Watts caballero y lo metieron en el Scottish Engineering Hall of Fame.

Mikhail Kalashnikov hizo algo parecido cuando inventó el AK-47, un rifle que es una porquería, pero tan barato de hacer, tan simple de usar, y tan difícil de romper, que setenta años después sigue siendo el arma más usada, más copiada y más vendida en el mundo. Un detalle interesante es que un radar trae más satisfacciones que un rifle. Son varias las ocasiones que Mikhail aprovechó para decir que hubiera preferido haber diseñado una heladera o una cortadora de pasto. No hay que tomar la cuestión literalmente, hay cosas malas que son simplemente malas.

En el marketing hay una máxima parecida, tan conocida como cuestionable: no existe marketing negativo. Peor que la mala publicidad sería que no te conozca ni el loro. Confucio también mete bocado. Según él, mejor un diamante con errores que una piedra perfecta.

Un ratón joven propuso ponerle un cascabel al gato, para escucharlo venir. Un ratón más experimentado lo felicitó por un plan tan bueno, en teoría. Enseguida les preguntó, ¿quién se ofrece a poner el cascabel? Crear un plan perfecto es fácil, cómo se implementa es más importante. Encontrar algo bueno bonito y barato es igual de difícil que encontrar un unicornio, más fácil pegale un cuerno de papel maché a un burro.

Si peor es mejor, ¿mejor es peor? Según Voltaire, sí, más o menos: lo perfecto es enemigo de lo bueno, dice en su Diccionario Filosófico. Llegado un punto de usabilidad, seguir esforzándonos para mejorar una idea va a dar cada vez menos resultados, y enfocarnos en alcanzar algo perfecto solo nos va a impedir enforcarnos en implementar algo simplemente bueno. La matemática apoya el concepto con el Principio de Pareto. Si una inversión del veinte por ciento me da el ochenta por ciento de los resultados, ¿vale la pena seguir invirtiendo, sabiendo que cada vez el retorno será menor? A veces sí, pero poquitas. Arthur C. Clarke explica cómo mejor es peor en Superiority,un cuento que fue parte de la bibliografía de la cátedra de diseño industrial del Massachusetts Institute of Technology. La trama en una oración: perdimos la guerra porque nuestra tecnología era superior a la del enemigo.

La lección podría confundirse con el conformismo o la displicencia, pero ese es un tema para los conformistas y los displicentes. Para mí la advertencia es clarísima. Existe una falacia, según la cual se comparan los logros y las acciones efectivas con alternativas idealizadas e inexistentes. A veces, nos paralizamos al no encontrar esa solución perfecta, sin pensar que tal vez no es más que una utopía. La dicotomía entre la solución realizable y la solución ideal es falsa, porque en el plano concreto solo se manifiesta la realizable. Me indigna cuando se critica a los hacedores, comparándolos con lo hipotético perfecto. El mundo nos pertenece a los peores, y los de afuera son de palo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s