El hacer, el DeROSE Method y yo

Este artículo forma parte del libro Disciplina para humanos y otras ideas importantísimas.

Mi vida laboral empezó con la traducción científico-literaria. Empecé con inglés, y enseguida me pasé al alemán. Después de seis años traduciendo diferentes versiones del mismo manual técnico, llegué a una conclusión reveladora. Las palabras son innecesarias, podríamos manifestar el lenguaje a través de funciones matemáticas que suplantarían a los verbos, y los sustantivos podrían representarse con objetos abstractos que no dependerían de ningún idioma. Estas fórmulas universales transcenderían la lengua y la traducción se volvería obsoleta. La siguiente revelación fue inmediata: me estaba volviendo loco y necesitaba cambiar de trabajo.

Un poco antes de ese episodio conocí el DeROSE Method, que hoy practico hace trece años. Los últimos diez, además de ser alumno, me dediqué a transmitirlo en forma profesional. En todo ese tiempo lo que más tuve que hacer fue explicar de qué se trata. Es difícil porque nadie sabe qué es y porque es diferente a todo, imposible de comparar con nada. Lo ideal es que, si querés conocerlo, vayas a una escuela y lo vivencies un poco. Igual te podés quedar leyendo, porque con los años destilé una explicación que es bastante satisfactoria.

Imaginate un método que contemple a la persona en forma integral y le provea herramientas para mejorar todos sus aspectos. Tal vez existan actividades que trabajen el tono muscular, la flexibilidad y la conciencia corporal. Dudo que encuentres alguna que desarrolle todo eso, y que además incluya reeducación respiratoria, administración del estrés, purificación orgánica, descontracción, foco y concentración. Cuando practicamos DeROSE Method hacemos todo eso.

Ahora imaginá que vas a aprender esas herramientas a una casa repleta de gente interesante, que reconoce la necesidad de mejorar, de pulirse, refinarse. Humanos que disfrutan la compañía unos de los otros, que quieren vivir una vida más feliz, saludable, plena, y que entienden que esos objetivos son más fáciles de alcanzar cuando uno se rodea de personas que comparten sus ideales.

Estoy en una casa así hace trece años y espero estar acá cien años más.

Nuestras escuelas funcionan como clubes. No tenemos cancha de fútbol, pero sí tenemos una sala especialmente hecha para nuestros entrenamientos, que como no tienen impacto ni repetición, es imposible que generen lesiones. Más importante es lo que pasa en el resto del club. Tenemos espacios comunes, donde los alumnos vienen a pasar el rato y donde además hacemos actividades interesantes. También leemos, sobre todo acerca de la libertad, y cocinamos y comemos cosas muy ricas.

Se llama DeROSE Method porque lo sistematizó DeRose, un señor que me cae muy bien. Es de esas personas que aman enseñar y transmiten sin parar esa pasión. Alcanza con estar cerca de él un rato para pensar que se puede hacer cualquier cosa. Alguna vez le preguntaron cuál era su método de gestión de tareas. Su respuesta fue que, si tenía que hacer algo, simplemente lo hacía en el momento. Inventó muchas palabras, y la que más gusta es acabativa. Iniciativas tiene cualquiera, pero para concretar hace falta más: sangre en los ojos, dice él.

La magia del DeROSE Method está en sus manifestaciones concretas. Hace tiempo dejó de ser una utopía. Hoy miles de personas en más de diez países practican esta filosofía, trabajando activamente para ser mejores y mejorar el mundo que los rodea. A mí me funcionó, y mucho. Comprobé empíricamente que el que enseña aprende dos veces. De ser un roedor ermitaño atornillado a una pantalla, pasé a rodearme de personas diversas y a interpelarlas sin parar, y a exponerme sin parar, porque el ejemplo siempre habla más claro. Muy rápido me di cuenta del gran obstáculo de mis alumnos. Como todos los humanos, no son disciplinados.

Vivimos convencidos de que las genialidades están reservadas a los genios, cuando en verdad lo grandioso está al alcance de todos: los que hacen la tarea, le ponen el pecho a la adversidad, y simplemente no paran. El talento puede ayudar, pero no es necesario y a veces hasta obstaculiza.

La disciplina es la llave maestra. Pensé mucho en ese tema, escribí mucho sobre ese tema, y di charlas sobre ese tema para adultos y adolescentes.

No son pocos los que piensan que la disciplina no se puede enseñar, o la tenés o no la tenés. Tal vez vas a leer este libro y cien más, y nada va a cambiar. O tal vez sí. Para mí, esa teoría tiene que pasar el test de prueba y error. Y en este caso, me encantaría que les demostraras a los teóricos que estaban equivocados.

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